Análisis Político

Published on November 7th, 2017 | by Rebeca Rodriguez Minor

Unión Europea: el porqué de su supremacía…

Territorio demasiado pequeño, para tanta gente: 735 millones de personas viven en Europa

Todos en algún momento nos hemos cuestionado al respecto de cómo es que la Unión Europea ha logrado consolidar a tal profundidad su integración regional, su liderazgo global y por supuesto, su desarrollo sostenible social. Principalmente cuando nuestra experiencia de vida y testimonio, provienen de una nación en vías de desarrollo, ávida de tales logros.

La respuesta a esta gran interrogante puede explicarse bajo el análisis de algunos criterios, que van desde la política y la cultura, hasta aspectos por demás interesantes como la propia geografía.

Europa, es el segundo continente más pequeño del mundo. Cuenta con aproximadamente 10.500.000 km² de superficie (mientras el continente americano consta de 42.000.000 km²), en los que habitan poco más de 735 millones de personas, lo que implica una densidad poblacional de 70 habitantes / km². Un territorio demasiado pequeño, para tanta gente. Para que nos demos una idea, el territorio de Alemania es comparable al del Estado de Chihuahua.

Además de eso, Europa se encuentra localizada en una zona geográfica agreste que le impide tener acceso en gran medida a recursos naturales, hidrocarburos y demás recursos energéticos. Esta gran debilidad, los pone a merced de proveedores internacionales sobre commodities estratégicos e indispensables para el buen funcionamiento de su economía e industria. El abasto de petróleo es un gran ejemplo de ello.

También es necesario considerar que Europa se encuentra rodeada por otros continentes y naciones que conllevan una gran diversidad de razas, ideologías políticas, religiosas y culturales, que los fuerzan a ser más tolerantes, cooperativos y dispuestos a negociar.

Europa occidental se hizo consciente de su vulnerabilidad global, principalmente al término de la segunda guerra mundial, cuando la rivalidad entre imperios, intereses políticos y económicos, devastaron ciudades y poblaciones enteras. Era necesario ceder, generar alianzas e intereses comunes, para así poder evolucionar. Así fue como se dio origen a lo que hoy conocemos como la Unión Europea (UE): símbolo de integración, compromiso, cooperación política y perspectiva asociativa a largo plazo.

Esa gran visión europea, emanada de tantos años de sufrimiento, devastación, guerra y escasez, ha hecho madurar por décadas a las clases políticas, convencidos de que sólo por medio de la cooperación regional es que se puede salir adelante, de manera mucho más exitosa y sostenible. El triunfo de Emmanuel Macron en Francia, derribando al populismo de Marine Le Pen, lo confirma, mientras el Brexit se entiende más bien como un hecho aislado que sorprendió al mundo entero, precisamente por lo errático de la decisión.

Este bloque resulta ejemplar en su estructura, objetivos económicos y políticos, así como en su compromiso destacable por el bienestar social, el cambio climático y el fortalecimiento regional de los todavía 28 miembros que la componen. Su perspectiva desarrollista se basa en la cooperación mutua, en las ventajas comparativas entre sus miembros, en la complementación económica y el progreso social. Es por ello que, al día de hoy, Europa es el continente con la mejor distribución de la riqueza del mundo, con estándares de calidad de vida envidiables en la mayoría de los países y con políticas económicas comunes -dentro de la UE- rigurosas y respetables, que pretenden garantizar el desarrollo sustentable de sus sociedades.

Las tensiones actuales que se viven entre la Unión Europea y Estados Unidos (específicamente entre Angela Merkel y Trump), demuestran la gran divergencia entre sus ideologías políticas y formas de gobernar. Mientras el presidente estadounidense se empeña en promover el divisionismo entre países, la discriminación social, el “impulso” económico a costa del medio ambiente y la supremacía absolutista por medios beligerantes y represivos, Alemania reafirma sus esfuerzos por mantener sus principios básicos de unionismo regional, apertura social, diálogo político y protección medioambiental, defendiendo los intereses y necesidades de sus habitantes.

Precisamente por ese prestigio de Alemania, en materia industrial y política, es que el escándalo de Volkswagen (sobre la manipulación de los indicadores de emisión de contaminantes de sus automóviles), causó tanto impacto en la imagen internacional de la industria automotriz alemana y ha afectado también la campaña electoral de la canciller Angela Merkel, quien pretende quedarse en el poder por cuarta vez consecutiva a finales de este año.

El distanciamiento actual en la relación Alemania – Estados Unidos, sumado al Brexit, lejos de debilitar a la Unión Europea, parecen fortalecerla en su identidad y convicción propias. Los países centrales del bloque (Francia y Alemania) ahora en un gran momento de unidad, conjuntan y comparten su liderazgo en la región, para definir junto con otras naciones clave, como Italia y España, el futuro del bloque.

Es verdad que la Unión Europea ha tenido que afrontar severos paradigmas últimamente (desde la crisis del euro, hasta la masividad inmigratoria, el terrorismo islámico y la salida de Reino Unido) que la hacen percibir como un bloque ya muy desgastado. Sin embargo, su incesante lucha, su capacidad de negociación, la seriedad y compromiso con el que afrontan las problemáticas, por más duras que sean, los mantiene como el único modelo ejemplar de integración profunda a seguir. Ojalá aprendiéramos un poco de ellos.


About the Author

*Rebeca Rodríguez Minor. Maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos). Doctorado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Co-autora del libro La reconstrucción de la política exterior de México: principios, ámbitos y acciones, de Jorge Navarrete (coord.) y editado por la UNAM en el 2006. Profesora Investigadora de la Universidad Anáhuac.



Back to Top ↑