Análisis Político

Published on April 1st, 2016 | by David Lara Catalán

La sociedad del aprendizaje (Aprendiendo a aprender)

En el reciente número de Harvard Business Review (Marzo 2016) aparece un muy interesante artículo titulado Learning to learn de Erika Andersen. Por muchas razones considero que es interesante. En las líneas siguientes intentaré explicar algunas de esas razones.

Si bien es cierto que en un ámbito comercial, económico y de competencia suena muy apropiado hablar de ventajas competitivas, habilidades para desarrollar negocios, estrategias para ser líder del mercado, no resulta del todo inútil pensar, aunque con diferentes matices, estos mismos criterios en el mundo individual y social. Particularmente si se trata de pensar en mecanismos que nos impulsen a crecer, a ser más competitivos, con mayores exigencias en muchos ámbitos propios de la vida personal pero también de la vida pública. Me refiero con el término ámbitos a las diversas áreas en que individuos o grupos sociales se desenvuelven, y en donde ellos mismos, presumiblemente, están interesados en mejores estándares de preparación académica y desarrollo social que, a su vez, les permita desenvolverse de modo más competitivo en el mundo laboral, con ámbito también me refiero al amplio espectro de la vida blica-política que requiere, o mejor, que exige mejores opciones políticas, más transparentes, más interesadas en el desarrollo de una comunidad que en el crecimiento personal, sólo por citar algunos ejemplos.

La idea de Arie de Geus, citado por Andersen en este artículo, en el sentido de que: “The ability to learn faster than your competitors may be the only sustainable competitive advantage” me parece que aplica en un amplio espectro.

Nos guste o no, el mundo contemporáneo es de competencias. Y éstas se privilegian en las sociedades más desarrolladas. Un individuo mejor calificado, competente, tendrá, casi por lo general, mejores opciones de desarrollo. Algo que no ocurre, de manera más común, en aquellos ámbitos en donde se privilegian otros factores antes que las habilidades o la competencias de los individuos. Aprender es la clave del desarrollo. Y entre más rápido mejor. Tal vez consideremos que esta frase es cierta. Para muchos es totalmente verdadera. Pero para muchos otros no tiene sentido. Aún mas: ni siquiera figura en su léxico. Me pregunto: ¿Cuál es el futuro de aquellos segmentos de estudiantes en nuestro país que terminan primaria o secundaria sin contar con las habilidades propias de cada nivel –lectura, matemáticas, por ejemplo- y que, sin embargo, tienen que acreditar porque no puede haber reprobados? O ¿Cuál es la perspectiva laboral de muchos egresados universitarios que no tienen las habilidades académicas ni para leer o escribir al menos una cuartilla? ¿Muchos títulos pocas capacidades? ¿Muchas universidades poco aprendizaje? Si esto es así, difícilmente podemos hablar de competitividad.

Volvamos al artículo de Andersen. Ella señala que junto con sus colegas han identificado cuatro atributos en la gente exitosa en el tipo de aprendizaje que exige “voluntad para experimentar y llegar a ser un novato una y otra vez”: aspiración, auto-conciencia, curiosidad y vulnerabilidad. Mencionaré de modo breve cada una de ellas. Empecemos por la aspiración. Es fácil, dice ella, detectar si la aspiración está ahí o no. Cito tres expresiones que me parecen pertinentes al tema: “Quieres aprender una nueva habilidad o no”. “Tienes ambición y motivación o las has perdido”. “Los grandes aprendices pueden incrementar su nivel aspiracional lo cual es clave debido a que cada uno es culpable de algunas veces oponer resistencia al desarrollo el cual es crucial para el éxito”.

Respecto a la auto-conciencia. La gente que se evalúa de modo más preciso empieza el proceso –de aprendizaje- dentro de sus propias cabezas. Aceptar que las perspectivas con las que se cuenta pueden ser parciales es importante para esforzarse por una mayor objetividad. Libreria_Ebook_1

Curiosidad: “Es lo que nos hace intentar algo hasta que lo hacemos o pensar respecto a algo hasta que lo entendemos”. Pensar y preguntar es vital. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo?, entre otras cuestiones más. Leer un artículo, preguntar a un experto, encontrar a un maestro, unirse a un grupo, son sólo algunos ejemplos de cómo es posible generar nuestra curiosidad, casi como un niño que no termina nunca de preguntar. Poseer o generar curiosidad conlleva ciertos cambios de actitud. De “no necesito aprender esto” a “¿Cómo se vería mi futuro si lo hiciera?”. De “Esto es aburrido” a “Me pregunto por qué otros lo encuentran interesante”. De “Soy muy malo en esto” a “Estoy haciendo errores de principiante pero mejoraré”.

Vulnerabilidad: Los grandes aprendices se permiten a sí mismos ser lo suficientemente vulnerables para aceptar su estado de principiante. De lo que se trata es de que si queremos aprender no podemos adoptar el ropaje de sabelotodo. Reconocer nuestra ignorancia en muchos temas pero a la vez tener la disposición de querer aprender resulta plausible para fines del aprendizaje.

En este siglo XXI seguimos insistiendo en construir una sociedad del aprendizaje -para algunos sociedad del conocimiento-. ¿Cómo lo haremos? ¿Por decreto? ¿Por osmosis? ¿Por arte de magia? ¿Con disciplina académica y aplicando metodologías y pedagogías que nos permitan una visión más amplia pero a la vez más certera del mundo en que vivimos?

No nos podemos engañar. Aprendiendo a aprender es un proceso formativo que requerimos en la escuela, en las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, en las diversas instituciones, en el ambiente de los negocios, en la familia. Se trata de un poco de humildad para reconocer el nivel de ignorancia que vivimos y así atisbar el horizonte al que deseamos llegar. Una ignorancia que nos lleva a realizar juicios sin el menor pudor y con el sólo objetivo de descalificar y denigrar a cualquiera.

Señalo el siguiente ejemplo con miras a plantear cómo el aprendizaje o la ignorancia impactan uno de los múltiples aspectos de la vida pública: me preocupa cuando alguien dice que tenemos las mejores leyes del mundo. ¿Se trata de eso, es decir, de tener leyes como un país de primer mundo, leyes que en variados ejemplos no se cumplen o no se conocen? O, ¿Se trata, más bien, de generar formas para que esas leyes de primer mundo aterricen en la conformación de una cultura de la legalidad? Es decir, de una cultura de aprendizaje de las leyes; una cultura en la que cada quien hace de éstas una forma de vida, en donde se respeta la existencia propia y la de los demás, en donde es posible hablar de derechos pero también de obligaciones, en donde la preocupación por los demás no es sólo discursiva sino un trabajo constante.

Para terminar. Pienso en la idea de aspiración. ¿Aspiramos o no a una mejor forma de vida? Si es un rotundo sí, entonces habría que empezar a detectar dónde estamos y dónde nos gustaría estar mediante nuestro esfuerzo y nuestro trabajo. Si es no, o si sólo es retórico el sí, entonces no hay más que cerrar los ojos y esperar que el mundo siga girando como lo ha venido haciendo hasta ahora.


About the Author

Maestría en Gestión Pública Aplicada del ITESM. Diplomado en Filosofía UIA. Actualmente director del Planetario de Chetumal. Catedrático en la Universidad de Quintana Roo. Autor de la Melancolía en tiempos de la modernidad. Plaza y Valdés (2001). Y de próxima aparición Apuntes desde la lejanía. Plaza y Valdés (2016). dalarac@hotmail.com



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