Desarrollo Humano

Published on January 3rd, 2018 | by Miren L. de Izaurieta

0

El Poder en la Pareja

El modelo sometedor-sometido, protector-protegido corresponde a las parejas complementarias; el equitativo a las simétricas. En ambos tipos existen diferentes formas de manejar el poder, algunas constructivas otras destructivas.

Vivir en sociedad implica, necesariamente, relacionarnos. Podemos relacionarnos o no con los demás, pero sea desde su presencia o ausencia, el vínculo relacional rige las interacciones. Los modelos relacionales se reducen a dos: el esencial o básico que subyace y fundamenta nuestra propia existencia. Su origen emerge de la primera relación madre-hijo. A éste le llamaremos protector-protegido o, si se lleva al extremo negativo sometedor-sometido. Éste modelo en sus dos vertientes, especialmente la segunda, es el que predomina las relaciones entre las naciones, las relaciones laborales, las familiares y, desde luego, en la pareja. Se basa en los binomios mandar-obedecer o mandar-rebelarse.

El otro modelo relacional surge en etapas posteriores del desarrollo tanto de los individuos como de las sociedades. La igualdad (o equidad), la autonomía, el respeto y el diálogo son esenciales para su existencia. Este tipo de relación sólo puede darse entre semejantes, entre pares donde ninguno somete ni domina al otro, donde ambos tienen valoración similar aunque ésta pueda manifestarse en formas diferentes. Los acuerdos son esenciales para este modelo. A ellos se llega mediante el dialogo, los compromisos, las negociaciones, la consulta, el consenso, la votación… Es el modelo que rige a una auténtica democracia. Lo es también el de las buenas relaciones entre socios, amigos y las parejas amorosas que llevan una relación armónica. Podríamos denominarlo modelo equitativo.

Ambos modelos de relación son importantes y necesarios; su eficacia depende de la situación concreta y del objetivo que se persiga. En este artículo me centraré en el manejo y control del poder y sus manifestaciones dentro de la pareja en ambos tipos de modelo relacional.

Las relaciones de pareja podemos catalogarlas como complementarias o simétricas.

El modelo sometedor-sometido, protector-protegido corresponde a las parejas complementarias; el equitativo a las simétricas. En ambos tipos existen diferentes formas de manejar el poder, algunas constructivas otras destructivas.

El tipo complementario de relación de pareja es el más común. De hecho, una buena relación de pareja puede fluctuar de un tipo de relación al otro dependiendo de la situación concreta. En nuestra sociedad paternalista y machista, generalmente el que domina y ejerce el poder abiertamente es el hombre siendo la mujer quien ocupa el lugar de la sumisión.

También nos encontramos con el caso inverso, la mujer dominante, el hombre sumiso. La forma abierta en la que el miembro dominante de la pareja ejerce el poder es clara y evidente para cualquier observador. Si la relación es del tipo paternalista o maternalista, ambos individuos pueden estar contentos si sus necesidades emocionales son satisfechas y no desear cambiarla.

Uno asume la responsabilidad de las decisiones y el otro las acepta de buena gana liberándose de la carga. En el binomio sometedor-sometido, el sometido puede aceptar la relación dominado por el miedo, la impotencia y la culpa. En este tipo de relación se emplea la fuerza, tanto física como verbal, unidireccionalmente. Su prototipo es la violencia intrafamiliar. Entre las manifestaciones verbales, las más desmoralizadoras y demoledoras, aunque no dejen huella física, son las descalificaciones por ser éstas más sutiles que los insultos y muchas veces se disfrazan de formas de ayuda y cariño, “te lo digo por tu bien, para que aprendas,”…

El sometido puede intentar rebelarse enfrentándose abiertamente al sometedor retándolo o desobedeciendo o, en forma sutil, bajo la consigna “obedezco pero no cumplo”. Las excusas “se me olvidó, no tuve tiempo, me duele la cabeza, perdóname pero…” cuando son muy frecuentes pertenecen a esta modalidad. El sometido puede ejercer el poder a través de los hijos, obteniendo su apoyo y tornándolos contra el dominador.

Dentro de una relación simétrica ambos miembros comparten el poder, las obligaciones, responsabilidades y también las partes gratificantes inherentes a ella. Fluctúan, si la situación así lo requiere, en el liderato de la misma. Privilegian la comunicación y el diálogo para tomar acuerdos y zanjar malos entendidos. No importa quien de los dos gane o tenga la razón, prefieren la armonía de la relación ya que ambos ganan si ésta es buena.

En las parejas simétricas también puede darse la lucha por el poder. En este caso lo que importa es quién gana, no por qué se está luchando. Un ejemplo excelente de este tipo de relación está plasmado en la película La guerra de los roses del director Danny de Vito.

La pareja del filme se conoce en una subasta pujando por una estatuilla de marfil y desarrollan la relación en una continua competencia, manifestada de diversas maneras, hasta su trágico final.

Esta película es un excelente ejemplo de lo que los terapeutas de familia llaman “una escalada simétrica”. O en palabras comunes; “tú me la haces, yo te hago más” La única forma de terminar esta forma destructiva de relación o “juego” como me gusta llamarla, es que uno de los contrincantes abandone la cancha. Es decir, deje de competir.

Muchos matrimonios creen, erróneamente, que el divorcio terminará con la destructividad y resolverá la situación. El divorcio termina el vínculo legal pero no con la forma de relación la cual continúa por la pensión alimenticia, patria potestad sobre los hijos, etc. Muchas veces tornándose aún más virulenta.


About the Author



Comments are closed.

Back to Top ↑