Luego de la derrota presidencial del 2000, el PRI se enfrenta en este 2010 a su verdadera prueba de fuego: superar los vicios del pasado o hundirse de nuevo en las contradicciones internas. En las elecciones locales -y Quintana Roo será parte de la redefinición- mostrará el PRI si entendió el reclamo del voto en las dos últimas elecciones presidenciales o si van a prevalecer los intereses de las élites locales en la nominación de candidatos.
El PRI se tambaleó en 1987 por la designación del candidato presidencial y en el 2006 no pudo recuperar la Presidencia de la República también por la designación del candidato presidencial. Ahora a nivel estatal el PRI ha enfrentado el desafÃo de la cohesión interna. Lo que en el pasado se resolvÃa por el camino del autoritarismo presidencialista y del Presidente de la República como el jefe máximo del PRI, en estos diez años sin jefe del ejecutivo ha tenido el PRI que padecer los últimos estertores de la disputa por el poder.
La designación del candidato del PRI al gobierno de Quintana Roo se enfila hacia una implosión polÃtica, como ha ocurrido en otras plazas. Los puntos de conflicto se localizan en cuando menos tres circunstancias:
- El PRI nacional y los PRI estatales no han sabido determinar las reglas del juego democrático interno. En el pasado los candidatos a gobernador eran señalados directamente -dedazo- por el Presidente de la República, sin atender a juegos polÃticos locales. Sin la figura presidencial priÃsta, el partido tricolor ha con vertido a los gobernadores en un espejo del vicio presidencialista del dedazo.
- La presidenta nacional del PRI, Beatriz Paredes, cometió el error polÃtico de otorgarle a los gobernadores salientes un poder especial para designar a los candidatos a gobernador, a cambio de que los gobernadores salientes le dieran a ella el beneplácito para que el CEN se encargara de designar a los candidatos a diputados… también por dedazo. Una salida formal y cómoda se convirtió en un factor de ruptura interna en varios PRI de los estados.
- Los aspirantes a las candidaturas a gobernador encontraron el espacio en la oposición para presionar a su partido o para encontrar la candidatura por algún partido de oposición o, como ocurre hoy, en una coalición de partidos de ideologÃas excluyentes. Asà se dará el caso en algunas plazas -Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Veracruz, Durango y Zacatecas- en que los candidatos de la oposición tuvieron hasta la vÃspera una militancia priÃsta.
Pero el problema no es nada más de coyunturas sino que responden a la falta de una verdadera transición democrática. La oposición, para desgracia de su papel como pivote de la democratización, cayó en el viejo vicio priÃsta de asignar candidaturas a gobernador no en función de reglas democráticas o de perfiles de ofertas novedosas a la ciudadanÃa, sino a partir sólo de figuras con posicionamientos fuertes en las tendencias electorales.

El PRI se enfrenta en este 2010 a su verdadera prueba de fuego
Sea cual sea el resultado final del reparto de candidaturas, Quintana Roo entrará en la nada positiva lista de nominaciones marcadas por el dedazo, el oportunismo, el resentimiento o la lucha de cacicazgos. La ausencia de reglas claras en los tres partidos dominantes -PRI, PAN y PRD- para elegir candidatos a gobernador va a dejar las nominaciones en criterios de poder. Y lo mismo operará para el PRI por la vÃa del dedazo que para el PAN y PRD a la espera del candidato descontento para sumarlo como candidato.
Al final, la que siempre pierde es la sociedad. La alternancia se votó no sólo para cambiar de partido en la Presidencia de la República y en algunos gobiernos locales y municipales, sino fundamentalmente para establecer nuevas reglas del juego democrático. Pero lamentablemente para el PAN y el PRD, su forma de designación ha pasado en algunos casos por sacrificar a militantes con carrera ascendente. Asà ocurrió en Oaxaca, Puebla, Veracruz y otros, donde el PAN literalmente cachó a un priÃsta en cada plaza para defender la propuesta de gobierno del PAN y del PRD. Ante tanta confusión de propuestas polÃticas, el ciudadano va a optar por la abstención.
En el fondo, el PAN y el PRD como oposición han dejado el triste mensaje de la incapacidad polÃtica e ideológica como partido para formar cuadros propios. En Quintana Roo el gobernador se inclinó por Roberto Borge Angulo, pero tuvo que cerrarle los espacios a Carlos JoaquÃn González, los dos del PRI, los dos descendientes de ex gobernadores, los dos con su propio grupo de poder. El PAN y el PRD quedaron a la espera de cachar al derrotado para hacerlo su candidato.
La transición a nuevas formas de democracia polÃtica apuntaba hacia otro lado. El IFE no ha intervenido en las coaliciones PAN-PRD a pesar de que esos reacomodos disminuyeron la certeza para las opciones al elector y de hecho borraron las diferencias entre los partidos polÃticos. Estos procesos confusos de designación de candidatos hizo más urgente la necesidad de incorporar a la reforma polÃtica el mecanismo de elecciones primarias, es decir, una elección abierta de candidatos de partidos pero organizada por la autoridad electoral. Con las primarias se eliminarÃan los dedazos, los conflictos y las propuestas de candidatos ajenos a una oferta especÃfica.
Asimismo, la reforma polÃtica deberÃa incorporar de una vez el candado de militancia partidista mÃnima de cinco años para candidato a Presidente de la República, de tres años para Gobernador y de dos años para Legisladores y Alcaldes, con el propósito de anular el trapecismo de polÃticos que un dÃa pertenecen a un partido y defienden su ideologÃa y a los cinco minutos se pasan a otro de ideologÃa contraria. Este candado protegerÃa a los electores de la ausencia de ideologÃa en los candidatos y del oportunismo en las candidaturas y obligarÃa a los partidos a crear cuadros basados en la lealtad y no en la chamba.
Quintana Roo se sumó a las entidades en donde la polÃtica se redujo al oportunismo. Y todo por el error de Beatriz Paredes de convertir a los gobernadores en los grandes electores de candidatos, como para demostrar que el PRI sigue siendo el mismo. Y el PAN y el PRD no pensaron mucho en asumir las mismas prácticas priÃstas nocivas. Lo peor fue que ninguna de las élites polÃticas o los partidos pensaron en el ciudadano.






